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  Dos sherpas
Sebastián Martínez Daniell

210 páginas; 20x13 cm.
Entropía, 2018
ISBN: 978-987-1768-50-9
 
     
   
     
 

Dos sherpas están asomados al abismo. Contemplan el cuerpo de un turista inglés que se ha despeñado desde el monte más alto del Himalaya. Hablan entre ellos: no mucho, apenas unas palabras. El sol ilumina la nieve sobre la ladera sur del Everest; sopla el viento. Y eso es –podría decirse– todo lo que ocurre en esta tercera novela de Sebastián Martínez Daniell.

¿Qué procedimiento se pone en juego, entonces, para que esa escena sencilla y sobria estalle en significaciones a lo largo de un centenar de capítulos? La respuesta es este libro, su textualidad, el único modo posible de relacionar a ese inglés y a esos guías de montaña detenidos en medio de una cordillera con el devenir de la historia y con su dialéctica. En estas páginas Julio César y Pompeyo coexisten con el desplome de un montacargas municipal; los hongos y las algas, con William Shakespeare; la geología del siglo XIX, con Monet y Renoir… Y la lista sigue, potencialmente inextinguible. 

La energía que logra sostener la cohesión de tal heterogeneidad proviene de la voz narrativa; una exploración del lenguaje que oscila entre poéticas del desborde y del desapego, recursividades y astringencias, según la materia que aborden. Una voz que termina por encontrar un matiz distinto, un tono pertinente, para cada una de las inagotables facetas que componen esta sólida novela poliédrica.

 

Contratapa
     
   

Uno

Dos sherpas están asomados al abismo. Sus cabezas oteando el nadir. Los cuerpos estirados sobre las rocas, las manos tomadas del canto de un precipicio. Se diría que esperan algo. Pero sin ansiedad. Con un repertorio de gestos serenos que modulan entre la resignación y el escepticismo.

 

Dos

Uno de los sherpas se distrae un momento. Es joven, un adolescente casi. Sin embargo, ya hizo cumbre dos veces. La primera, a los quince años; la segunda hace pocos meses. El sherpa joven no quiere pasar su vida en la montaña. Está ahorrando para estudiar en el extranjero. En Dhaka, podría ser. O en Delhi. Estuvo haciendo averiguaciones para anotarse en Estadística. Pero ahora, mientras su mirada se concentra hasta vaciarse sobre la oquedad topográfica, se ilusiona con que su vocación sea la ingeniería naval. Le gustan los barcos. Nunca estuvo en uno: no le importa. Le fascina la flotación.

¿A quién no? ¿Quién no envidia a las medusas y su deriva sobre el piélago? Esa sensación de dejarse llevar. Ese despliegue fosforescente y sutil, sin vanidad; que las corrientes se ocupen del resto. Flotar. Desentenderse del curso de la historia: no cargar esa cruz. La amoralidad sin excesos y sin culpas. La ceguera y la bioluminiscencia. La electricidad tentacular que revela la penumbra del océano nocturno.

 

Tres

El otro sherpa caminó por primera vez las laderas del Everest cinco semanas después de cumplir los treinta y tres. Había llegado a Nepal seis años antes. Con buena tonicidad muscular pero sin conocimientos avanzados de montañismo. Alguna experiencia previa sí, aunque inorgánica, desarticulada, sin entrenamiento específico. Desde su bautismo como sherpa trató de alcanzar la cima cuatro veces. Ninguna de esas expediciones lo logró. No siempre por su culpa, debe decirse. Pero esta recurrente postergación explica de algún modo que su gesto se deslice ahora un grado más allá: del escepticismo hacia el fastidio. Turistas..., piensa el sherpa viejo, que no es viejo ni propiamente un sherpa. Siempre hacen algo, ellos, los turistas, piensa. Y entonces habla. Señala con un ademán ambiguo el vacío, la saliente donde yace tendido e inmóvil el cuerpo de un inglés, y dice:

–Ellos...

Y así rompe el silencio. Si es que puede llamarse silencio al ruido ensordecedor del viento pasando a través de los filos del Himalaya.

 

 

Fragmento
     
   

Autor

 

   
                     

Sebastián Martínez Daniell (Buenos Aires, 1971) publicó las novelas Semana (2004) y Precipitaciones aisladas (2010). Participó además de las antologías de narrativa breve Buenos Aires / Escala 1:1 (2007), Uno a uno (2008), Hablar de mí (2010) y Golpes. Relatos y memorias de la dictadura (2016).

 


   

Reseñas

La Voz
(Javier Mattio)

Entrevistas

Télam
(Milena Heinrich)


[La Voz]

Viglia imperturbable

Por Javier Mattio

Elogio del aire, la distancia y la aparente eternidad de las alturas, Dos sherpas sitúa su narración volátil en una ladera del monte Everest, donde un dúo de guías expedicionarios del Himalaya contempla el cuerpo de un turista inglés recién precipitado al abismo. 

Será esa escena de diálogos y acontecimientos mínimos de tragedia elusiva la que se plante como roca nevada entre una nebulosa de acontecimientos emanados con misteriosa lógica de aquella inicial: cien entradas en total en las que Sebastián Martínez Daniell (Buenos Aires, 1971) refuta la llaneza del tiempo y el sentido.

En el friso perplejo de Dos sherpas –que le debe tanto a Beckett como a una tira cómica o un tratado de geología– se invocan las vidas previas del “sherpa viejo” y el “sherpa joven” (que incluyen la absurda historia de amor del primero y el ínfimo pero decisivo rol de Flavio en una versión de Julio César de Shakespeare del segundo); la llegada de la etnia sherpa a Nepal y las sacrificadas vicisitudes políticas y naturales que atraviesa para ocupar la zona; y el pintoresco desfile de personajes como George Mallory, Lady Houston, John Hunt o Edmund Hillary, que proyectan en la cima etérea hazañas tan individualistas como imperiales. 

Es ese magma latente en la exótica postal inmóvil el que explora Daniell, que a su manera sherpa conecta las perspectivas graduales, los senderos escarpados y la lejanía impertérrita de un relato suspensivo que hace pasar por silencio al ruido atronador del viento.

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[Télam]

"Celebro los textos que lanzan al lector afuera de lo recurrente"

Por Milena Heinrich

Dos montañistas que contemplan el cuerpo de un turista inglés sobre el Himalaya son el disparador de "Dos sherpas", la tercera novela del escritor Sebastián Martínez Daniell estructurada de manera poliédrica, como en planos, que transfieren al lector a situaciones donde predomina la extrañeza.

Publicado por Entropía, el libro parte de una escena potente que funciona como primera puntada para perderse en otras situaciones que se hilvanan entre sí y que siempre, de algún modo, regresan a esos dos montañistas del pueblo sherpa, uno viejo y otro joven.

Con un registro que a veces toma vuelo en clave erudita, "Dos sherpas" agrega a la biografía de Martínez Daniell (1971) una tercera novela tras "Semana" y "Precipitaciones aisladas", también publicadas por el mismo sello donde es editor junto a Valeria Castro, Juan Nadalini y Gonzalo Castro.

- Télam: ¿Cómo nace el libro?
- Martínez Daniell: Surge de otra novela que estaba escribiendo hace muchos años. Aquella contaba la historia de un ornitólogo inglés que viajaba a una península en el Báltico para estudiar a los cormoranes. Ese inglés tenía un hijo, que crecía y, para demostrar su valía, intentaba alcanzar la cima del Everest solo. O no exactamente solo: contrataba a dos sherpas. Y en el momento en que aparecieron todo lo anterior quedó de lado y nació este libro. No exactamente su trama, ni su estructura todavía, pero sí lo que tenía para ofrecer, su agalma, dirían los griegos.

- T: Es un libro que propone una distancia, como una forma de correrse del punto de vista común ¿fue intencional?
- M.D.: Hay, por un lado, una distancia cultural, histórica y los dieciséis mil kilómetros entre Buenos Aires, donde fue escrita la novela, y el Everest, donde pivotea la trama. Creo que me interesaba abolir esa distancia. Comprobé que era imposible. Pero esa imposibilidad quizás habilitó la escritura: ¿cómo apropiarse de lo remoto?, ¿qué hay que romper para acercar lo ajeno? El extrañamiento o desconcierto es parte de la
búsqueda. Celebro los textos que lanzan al lector afuera de lo recurrente, del solazarse en el lugar remanido.

- T: La novela parte de una escena disparadora para narrar otras situaciones ¿qué te interesaba contar?
-M.D.: Como casi todos los libros, este también es un informe, o un parte de guerra, sobre una subjetividad arrojada al mundo. Con mucho de serendipia, se me apareció la figura del sherpa, su peculiaridad proletaria, su experticia infravalorada, la montaña, el budismo, el viento. Después fue cuestión de dejar que ese germen creciese y se multiplicara. No hubo un plan programático; más bien acondicioné un terreno para que proliferara algo orgánico.

- T: ¿Cómo trabajaste la escritura?
- M.D: Fui escribiendo entre el entusiasmo y la ceguera. Construyendo por bloques que quedaban en barbecho, a veces por años, antes de ser retomados. Tuve casi desde el inicio una idea de cuáles eran los elementos que quería poner a circular y sabía que iba a trabajar sobre la hipótesis del collage, la yuxtaposición de planos o la colisión de imágenes. Que el sentido naciese frente a la coexistencia de elementos disímiles pero no arbitrarios.

- T: Hay un trabajo con el lenguaje muy preciso, depurado y a la vez complejo ¿qué te importaba en este terreno?
- M.D.: Supongo que hay ideas en mis novelas. Enunciadas con más oído y cariño que rigor, seguramente. Y me gusta eso que dice Agamben, citando a Cicerón, sobre el "canto oscuro" de la prosa, el lamento por la música que perdió cuando se escindió absurdamente de la poesía. Hago intentos por explorar y entender esa letanía y esa inteligencia.