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  Veteranos de la guerra del día
Pablo Ottonello
204 páginas; 20x13 cm.
Entropía, 2018
ISBN: 978-987-1768-46-2
 
 
     
   
     
 

He aquí un narrador consciente del poder de su escritura. Un hombre que registra desde el absurdo, un documentalista escéptico. Fin de semana en un hotel de aguas termales, piletas como acuarios impuros. Las familias en remojo, el tiempo suspendido. Microbios en un spa. Esta novela indaga en lo visible y se apoya en la generación de un lenguaje preciso y sin embargo abundante, como el agua tibia, en distorsiones: en el hotel Horacio Quiroga nadie está sano. En sus instalaciones confluyen deprimidos, varicosos e insomnes. Enfermos que se vigilan. Personajes que entran y salen de cuadro como ranas para una disección, bajo la mirada impiadosa de los otros. Pablo Ottonello es un escritor óptico capaz de percibir el temblor que subyace, el desfasaje del mundo. Se vale de este invernadero termal para dejar en evidencia los modos rioplatenses, y su batería de neurosis, desdicha e histeria, con una inteligencia visual y crítica poco frecuente. 

Fernanda García Lao

Contratapa

 

 

 

 

 

 

 

 

     
   

11

El desayuno se sirve en el mismo salón donde comimos la noche anterior. Es un día claro pero el agua, que imita al cielo, es una plancha de aluminio opaco que esconde su lecho marrón.

Todo el mundo, mesa por mesa, habla del clima.

Sin planearlo nos sentamos cerca de la Madre y su familia. Me cambio de lugar para mejorar el ángulo de visión. Digo que es para tener vista al río y la represa.

El marido traga mermelada, pan y café. Les sonríe a las hijas. Las quiere.

La abuela toma té de manzanilla con tostadas. Daniel, que está completamente despierto hace horas (nunca se despierta después de las siete de la mañana), cuenta cómo la construcción de la represa inundó las ciudades (a ambos lados del río) que ocupaban el lugar del lago. Le gustan las emergencias, los dramas sociales, y las inundaciones. Son su catástrofe natural preferida. Valeria me acaricia el pelo. Lo peina. Tiene aliento a café. Roxy duerme.

–¿Qué mirás? –dice Valeria.

–El río –miento.

La Madre se pintó las uñas de violeta (ayer estaban sin pintar). Trato de leer en sus facciones matutinas: ¿cogió anoche con el marido?

El marido, que acaba de descubrir la pastafrola, lee La Gaceta del Uruguay. 

¿Cuántos años puede excitarte el cuerpo de una misma mujer?

 

Caminamos con Valeria y mis suegros. Rodeamos el hotel. La idea es cansar las piernas para aprovechar mejor el efecto del agua caliente. El cielo se despeja y el río Uruguay es un cauce pintado con la languidez de los impresionistas. No los soporto. Lo único que vale la pena es el concepto que rigió su escuela: que el color nunca es el mismo; el color es variación permanente. Eso pintaron Renoir, Monet, Degas y el célebre resto. El río se ve así, fulguraciones y violencia.

–Uruguay es fuerte en la industria forestal –dice Daniel–. Mirá.

Señala un monte de pinos plantados en perfecta simetría.

–Si pasás por la ruta ves los surcos perfectos. No es mal negocio, pero hace falta paciencia y plata para esperar. La primera tala es a los diez años –dice.

El hotel queda a nuestras espaldas. Delante hay parque, árboles dispersos y las cabañas que se instalaron hace unos años, para aumentar la capacidad hotelera. Treinta o cuarenta metros sobre nosotros, vuelan los caranchos. Hacen círculos, gritan, escrutan el terreno.

–Debe haber algo muerto abajo –dice Daniel–. Comen carroña –hace una pausa y agrega–: como los jotes. 

 

 

Fragmento
     
   

Autor

 

Foto de solapa:
Leticia Bernaus
 
                     

Pablo Ottonello nació en Buenos Aires en 1983. Es escritor y guionista. Publicó Quiero ser artista (Tenemos las Máquinas, 2017) y El verano de los peces muertos (Marciana, 2017). Veteranos de la guerra del día es su primera novela.


   

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